
Las presencias en el duelo: cuando sentimos a quien ya no está
Cuando perdemos a alguien importante, el duelo no solo se expresa a través de la tristeza, el vacío o la añoranza. Muchas personas viven experiencias que les desconciertan y que, a menudo, no se atreven a compartir: sentir la presencia del ser querido, escuchar su voz, verle fugazmente o notar que “está ahí”, acompañando.
Estas experiencias, lejos de ser raras o patológicas, son sorprendentemente frecuentes y, en la mayoría de los casos, forman parte natural del proceso de duelo.
¿Qué son las “presencias del duelo”?
Las presencias del duelo hacen referencia a experiencias en las que la persona en duelo percibe de algún modo a la persona fallecida. Pueden adoptar distintas formas:
- Sentir que está cerca, aunque no se vea ni se oiga (la llamada presencia sentida).
- Escuchar su voz de manera puntual.
- Ver su imagen de forma breve o clara.
- Percibir sensaciones físicas asociadas (como notar su mano o su compañía).
La investigación psicológica actual muestra que entre el 47 % y el 82 % de las personas en duelo viven alguna de estas experiencias al menos una vez. Es decir: no son la excepción, sino una vivencia muy común.
¿Son normales estas experiencias?
Sí. Y este punto es fundamental.
Durante décadas, estas vivencias se interpretaron erróneamente como señales de un duelo “mal resuelto” o incluso como síntomas psicopatológicos. Sin embargo, la evidencia científica acumulada en los últimos años es clara:
- No implican pérdida de contacto con la realidad.
- No indican psicosis ni trastornos mentales.
- No suponen, por sí mismas, un mal pronóstico del duelo.
De hecho, entre un 69 % y un 75 % de las personas las describen como reconfortantes, ayudándoles a sentirse acompañadas, protegidas o emocionalmente conectadas con quien han perdido.
Entonces, ¿por qué generan tanto miedo o silencio?
Porque siguen estando rodeadas de estigma.
Muchas personas no hablan de estas experiencias por miedo a:
- Ser juzgadas.
- Que piensen que “no están bien”.
- Que se interprete como una señal de debilidad o locura.
Este silencio puede generar más angustia que la experiencia en sí, haciendo que algo potencialmente consolador se viva con inquietud o vergüenza.
Presencias del duelo y vínculo continuado
Hoy sabemos que el duelo no consiste en “olvidar” o “desvincularse” emocionalmente de quien murió. Las teorías actuales hablan de vínculos continuados: formas internas, simbólicas y emocionales de seguir relacionados con esa persona mientras la vida continúa.
Las presencias del duelo pueden ser una de esas formas. No significan quedarse anclado al pasado, sino integrar la pérdida en la propia historia vital.

¿Cuándo conviene prestarles más atención?
Aunque la mayoría de estas experiencias son benignas, en una minoría de casos pueden generar malestar. Por ejemplo, cuando:
- Provocan miedo intenso o ansiedad persistente.
- Reactivan de forma repetida un trauma asociado a la pérdida.
- Se viven como intrusivas o desorganizadoras.
- Generan un conflicto interno (“esto no debería pasarme”, “me estoy volviendo loco/a”).
En estos casos, no se trata de eliminar la experiencia, sino de comprender qué función tiene, qué relación guarda con la pérdida y cómo se está viviendo emocionalmente.
El papel de la psicoterapia
Un acompañamiento terapéutico adecuado desde una terapia de duelo permite:
- Normalizar la experiencia desde la psicoeducación.
- Explorar el significado personal que tiene para la persona.
- Diferenciar duelo, trauma y otros procesos psicológicos.
- Acompañar sin juzgar, sin patologizar y sin imponer interpretaciones.
Hablar de ello en un espacio seguro suele aliviar enormemente el malestar y devolver a la persona una sensación de comprensión y calma.
Como psicólogo especializado en duelo…
En mi práctica clínica acompaño con frecuencia a personas que han vivido presencias del duelo y que nunca antes se habían atrevido a verbalizarlas. Mi experiencia, respaldada por la investigación actual, es clara: sentir a quien hemos perdido no es una señal de estar mal, sino muchas veces una expresión profunda del vínculo y del amor que permanece.
Cada duelo es único, y cada experiencia merece ser escuchada con respeto, sensibilidad y conocimiento.
Si estás pasando por esto…
Si has perdido a alguien y estás viviendo experiencias que te confunden, te inquietan o simplemente no sabes cómo interpretar, no tienes que atravesarlo solo/a. Pedir ayuda profesional no significa que algo vaya mal; significa cuidarte en un momento especialmente vulnerable.
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¿Cuándo pedir ayudar si estamos en duelo?
Poco a poco seguimos caminando para superar el tabú sobre acudir a un psicólogo o psicóloga para buscar soluciones a nuestros problemas, y en la actualidad la terapia psicológica ha demostrado que es mucho más que sentarse en un sillón a desahogarnos, se trata de un recurso con eficacia contrastada y conducida por profesionales cualificados, para ayudarnos a gestionar numerosas dificultades que pueden aparecer en nuestras vidas.
¿Y qué ocurre cuando alguien querido fallece?
Todos y cada uno de nosotros sabemos o llegaremos a saber lo que es un duelo, lo que significa sentir el dolor por perder a alguien querido. Llega la tristeza, la añoranza, la rabia, la desazón, el miedo, el vacío… toda una serie de emociones y pensamientos que nos afectan física y psicológicamente, alterando nuestra realidad, nuestra relación con los demás y con nosotros mismos.
El dolor de un duelo es la cara triste del amor puro”
Cada duelo es único. Cada dolor es único. Y lo es porque cada uno de nosotros tiene un vínculo diferente con las personas que nos rodean, cada uno de nosotros tiene una historia de aprendizaje individual e irrepetible y, que cuando perdemos a alguien querido, ello provoca una respuesta de dolor también única ante la ausencia.
El acompañamiento y la terapia de duelo nos brinda un espacio seguro y respetuoso que puede ayudarnos a recuperar la normalidad perdida. Es recomendable en aquellos procesos de duelo con un riesgo alto o con signos de lo que llamamos duelo complicado (por ejemplo, en el duelo perinatal, duelo por muerte de un hijo, duelo por suicidio…) y siempre que encontremos una gran dificultad para retomar áreas importantes de la vida (por emociones intensas que no ceden, falta de apoyo social…).
Siempre que se mantenga en el tiempo un deterioro físico o psicológico, o grandes dificultades para recuperar aspectos esenciales de nuestro día (como el autocuidado, responsabilidades familiares, obligaciones laborales, etc.), deben ser motivos suficientes para solicitar ayuda psicológica profesional.
Para finalizar, me gustaría recomendar el libro de Alba Payás, el mensaje de las lágrimas, una lectura imprescindible para cualquier persona en duelo.
Se trata de una guía sencilla y muy respetuosa, con información veraz adecuada tanto para afrontar cualquier momento de un duelo como para prepararnos para un proceso totalmente inevitable.
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